Por Proyecto Enfoques.

Entrevista a Marisa Mattía, Lidia Tundidor y Marina Chávez.

-¿Qué es ser mujer y qué es ser hombre? ¿Cómo lo definirían?

Marisa Mattía: Es una construcción social y cultural, no es una determinación biológica. Esa construcción transmite y reproduce estereotipos. Lo que está por detrás de estas construcciones son relaciones de poder. En los programas se trabaja hacia lograr la equidad de género y a eliminar esas diferencias que son injustas, construcciones histórico-culturales. Tiene que ver también con incorporar a los varones en esto de la decisión reproductiva y el tema de diversidad. Partimos de una noción de género como una construcción social, seguramente hay estereotipos a trabajar y reconstruir, sobre todo en los adolescentes.

Marina Chávez: Desde el año pasado funciona la mesa de diversidad y salud, donde participa el Área de Políticas de Género con sus dos programas, la gente de HIV, el Progema (Programa de detección precoz del cáncer génitomamario) y organizaciones de la sociedad civil, Derechos Humanos y Educación.

El año pasado el Ministro firmó un decreto de respeto al nombre que uno elige de identidad autopercibida. Empezamos a trabajar en una guía para los equipos de salud de mejoramiento de la calidad de atención en salud sexual y prevención de la violencia en población lesbiana, gay, transexual y bisexual.

MM: Lo bueno es que la producción de materiales sea en respuesta a la demanda de las organizaciones. Vimos que primero había que sensibilizar a los equipos de salud, garantizando primero el derecho a la salud. Hay muchas experiencias que incorporan la idea de los consultorios amigables que muchas veces funcionan como puerta de entrada al sistema de salud.

Lidia Tundidor: Como una línea novedosa nos han pedido que realicemos algunas acciones sobre violencia en el marco de la pareja LGTB (lesbiana, gay, transexual y bisexual).

Las travestis contaban que muchas consumían algunas drogas anestésicas en el marco de las intervenciones quirúrgicas, muchas veces precarias, para cambiarse de sexo…

MM: Seguramente no sólo tendrá que ver con el tratamiento sino con la discriminación, con una serie de factores sociales… En nuestra mesa, esto se ha planteado como una problemática puntual.

La primera puerta para entrar al sistema es el respeto por la identidad de género.

LT: En los consultorios amigables se han empezado a desarrollar estas experiencias. Una de las primeras cosas que sucedía con quien tenía una elección sexual diferente era la necesidad de salir de su ciudad o núcleo familiar y emigrar a Capital Federal o al Conurbano donde siente que no tiene el señalamiento del pequeño pueblo. Es una discriminación constante y agresiva, estigmatizante, no es casual que estos servicios se hayan creado en la zona de la provincia más densamente poblada porque es donde están quienes requieren de este nuevo modelo de atención de respeto de los derechos y donde nacieron las propias organizaciones que participan de la mesa.

-¿Son siempre las mujeres las que hablamos de género?

LT: Hay hombres… Ha habido distintos desarrollos académicos, en los distintos feminismos en la historia, nosotros acordamos con una visión que piensa en la necesidad de un nuevo pacto social entre varones y mujeres en búsqueda de equidad e igualdad. Estamos hablando de temas que hacen a la igualdad de la sociedad toda. Un derecho vulnerado a las mujeres afecta a los varones aunque no se visibilice, aunque no se tome en cuenta, y claramente afecta al conjunto de la sociedad, por eso promovemos la participación de varones en instancias de organizaciones políticas, sociales, dedicadas a la temática específica. Debemos dar lo que denominamos una batalla cultural y por eso necesitamos de todos y todas. Es una cuestión profundamente social y cultural.

-¿Por qué está más visibilizado el tema de violencia cuando se trata de clase baja?

LT: La violencia de género no es una cuestión de “los pobres”. Hay una cantidad de mitos y prejuicios que hay que deconstruir. Todos le tememos al yo violento que está dentro nuestro. Ahora, la violencia es una conducta aprendida y nos interpela fuertemente a todos. El deconstruir estos mitos y prejuicios permite darle un giro al modelo de abordaje e intervención a la violencia familiar y las violencias basadas en género que no son solamente el golpe o la violencia psicológica. Hay violencia mediática, laboral, simbólica en el conjunto de relaciones interpersonales que las mujeres desarrollamos. Nos interesa un punto que es la corresponsabilidad social. Por ejemplo, cuando se produce un femicidio, esa mujer no vivía en una isla…

-Sin embargo, quizás se lee como algo privado…

LT: Por ley no es privado. Hace 20 años se definió que lo privado es público y al ser público es político, es un camino que tenemos que trabajar entre todas y todos. Por eso esta línea apunta a la corresponsabilidad social, al Estado como garante. La garantía la da el Estado presente pero hay una corresponsabilidad social. Hay que unificar los esfuerzos.

-¿Se han presentado situaciones donde la violencia toma contacto con la temática de adicciones?

LT: En la violencia de género no patologizamos ni al agresor ni a la víctima. Desde nuestro modelo de atención no hay patología psiquiátrica, es una constitución de la subjetividad y una constitución del vínculo. Desde ese lugar está asentado nuestro modelo de atención.

En relación al uso o abuso de sustancias, no hay una causalidad en la violencia sobre las mujeres. Sí vemos estos hechos atravesados en el entramado complejísimo de la realidad como, por ejemplo, la presencia de armas aumenta el riesgo. Si la persona hace uso o abuso de sustancias el riesgo también es mayor. En estos mitos y prejuicios siempre hay uno que dice: el drogadicto es violento. No todas las personas que hacen uso de sustancias son adictos…

El lugar no está puesto en el objeto. Que además está muchas veces en el relato de la víctima: “y, cuando viene borracho me pega”. Como una autojustificación. Un relato excusatorio. Esto lleva tiempo de trabajo con la víctima. No es el consumo el que determina que sea violento.

-¿Cuáles otros mitos y prejuicios pueden citar al respecto?

MM: Hay un prejuicio muy instalado que dice “los jóvenes mantienen relaciones promiscuas o de no cuidado”, cuando en realidad está demostrado que hay una mayor relación con preservativos, cosa que en el adulto quizás no esté incorporado y eso también es una pelea que hay que dar.

Y el tema del embarazo adolescente… En realidad para muchas adolescentes el embarazo puede representar un proyecto también, hay muchas cosas que tener en cuenta. También hay que reconocer que en los sectores populares a las adolescentes el embarazo les puede representar un proyecto de vida que les suena familiar porque han estado a cargo de sus hermanitos… Muchas veces no han tenido infancia.

LT: Está vivido, muchas veces, como un paso al mundo adulto. Como el único articulador entre una adolescencia, muchas veces no vivida por haber estado al cuidando de sus hermanos, y ser adulta como las otras mujeres. Entonces hay prejuicio en cómo las personas se estructuran.

MM: En base a la ley trabajamos cosas como por ejemplo que los chicos desde los 14 años pueden ir a las consultas ginecológicas o de salud sexual si hay un adulto que acompañe. Muchas veces trabajamos cosas que no se cumplen: que puedan recibir anticonceptivos, que sepan que se pueden poner D.I.U. (dispositivo intra uterino), que cualquier persona mayor de 18 años puede pedir una ligadura de trompas sin necesidad de haber tenido hijos, (se le explican todos los métodos no permanentes), pero si quiere es su derecho. Una mujer no toma la decisión en la puerta del consultorio de ligarse las trompas.

LT: Fijate que el pensamiento que podríamos denominar machista, históricamente desde los egipcios, los fenicios, han tomado como propio el cuerpo de la mujer, y en salud trabajamos sobre el cuerpo. Por eso se dan tantas situaciones relacionadas al prejuicio. Trabajamos en la zona del conflicto que es el derecho de las mujeres de tener autonomía sobre su cuerpo y un sistema acostumbrado a definir sobre el cuerpo de los otros y otras. Mujeres y varones. Es muy importante el año pasado la sanción de la ley nacional de derechos del paciente porque esta posición de “intervengo sobre el cuerpo del otro desde mi ciencia”, es una construcción cultural que no fue cuestionada. Es bueno que emerja el conflicto porque es aquello que nos permite intervenir, ni eludirlo, ni mirar para atrás, ni hacer como que no existe, ni ir con los botines de punta sino poder trabajar en dónde está enraizado.

Este trabajo forma parte del Módulo Género de Proyecto Enfoques. 2013

OTRA MASCULINIDAD ES POSIBLE

Olden Bredesen Nordfjell (trabajador del Resource Center for Men –Reform-) elije una palabra (placidez) para sus aspiraciones que denota un cansancio que puede enumerar: no quiere que le exijan tener erecciones a demanda, no quiere que cada vez que se retrata el peligro tenga cara de hombre –sobre todo si no es rubio–, no quiere satisfacer las expectativas culturales de las propagandas de cerveza. Placidez es lo que busca; no habla de libertad, tampoco de igualdad. Como hombre que es, sabe de los privilegios de su género; sus demandas son moderadas. Pero además vive en Oslo, Noruega…–Aquí no podemos pensar el género sólo desde la perspectiva de las mujeres –dice.

(…) Olden acaba de atender a un hombre que llamó a la línea de ayuda del Reform esperando encontrar algún argumento que lo convenza de desistir de pagarle a una mujer para tener sexo. No encontró ninguno mejor que la multa de un sueldo completo que podría cobrarle el Estado si lo encuentra in fraganti cerrando esa “operación”. Tenemos grupos de reflexión para consumidores de prostitución y también la línea de ayuda que funciona como otras líneas en relación con adicciones: mientras llaman logran aplazar la compulsión.” La penalización del “cliente” de prostitución se sancionó en Noruega en 2008 y su primer efecto, dice Olden, fue visual: desapareció prácticamente la oferta de sexo en la calle, aunque eso no quiere decir que haya desaparecido el trabajo sexual ni tampoco la trata de personas. “Pero para nosotros se abrió la posibilidad de poner palabras donde no las había. Estas llamadas pueden derivar en una visita a nuestro centro, encontrarse con otros hombres, pensar en conjunto por qué insistimos en determinadas conductas. Nada de esto hubiera sucedido si el Estado no hubiera tenido una política en este sentido que no persigue a las trabajadoras sexuales pero sí fue un golpe para los tratantes. Hablar de por qué decidimos pagar por sexo es hablar de la masculinidad también. Desde el Reform queremos buscar otro tipo de imágenes, la primera es la del cuidado hacia los otros, algo que está en las antípodas de pagar por sexo. Y también en las antípodas de la violencia. Y no se puede terminar con la violencia de género si no se trabaja con los hombres.”

–Esta es una verdadera revolución en equidad de género y me alegra que mi generación sea protagonista –dice Olden y abre la ventana para invitar a asomarse. Parece una coreografía preparada: se puede ver la costanera que besa el Atlántico Norte y una decena de carritos de bebé empujados por hombres solos a los que Olden distingue y señala como prueba, como bandera de un terreno recién conquistado. Apenas hacía falta la performance, hombres solos con sus hijos, obligados a cargar en sus mochilas mamaderas, pañales, juguetes, bananas por las dudas, la muda por si acaso, el abrigo extra para cuando se va el sol; ésa es una postal cotidiana en Oslo.

Extracto nota de Marta Dillon para suplemento “Las 12” de Página 12. 26/10/12

-En Noruega es completamente natural que un hombre lave los platos. Hemos llegado muy lejos en equidad de genero.

-Si, me imagino que es facil llegar a esa igualdad de genero en un pais donde todo el mundo tiene lavaplatos.

MITOS Y PREJUICIOS

Todos estamos atravesados por mitos sociales acerca de la violencia familiar y sexual, que dificultan visibilizar la problemática. Tenerlos en cuenta y reflexionar sobre ellos es esencial para pensar cómo posicionarse frente a una víctima y promover la detección temprana de estas situaciones.

-Los casos de violencia ocurren entre marginales y villeros.

-La violencia dentro de la familia es un asunto privado y no se debe intervenir desde afuera.

-Le pega porque esta enfermo o porque toma mucho.

-Si volvió con él es porque le gusta que le peguen.

-A una mujer embarazada es más difícil que la maltraten.

“EL LLANTO DE UNA MUJER POLICÍA”

(…) Para un analista la presentación externa (meramente imaginaria) y el rótulo que muchos consultantes portan al consultar (desde “soy adicto” a “soy fóbico”, desde “soy gay” a “soy infiel” y pónganle ustedes lo que se les ocurra a las comillas) no debe ser tenido en cuenta. Un análisis, una consulta, es un espacio donde el tiempo real se suspende y la atención está puesta en la palabra (…) lo que quiero decir es que alguien se relacione sexualmente con otro de tal o cual manera no indica en lo más mínimo que haya definido una posición sexual.”

Lic. Miriam Maidana, Ponencia de Jornadas Interregionales de la SADA. 2012

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