Por Proyecto Enfoques.
La comunicación expuesta, opinada y valorada por dos comunicadores que la ejercen en ámbitos laborales diferentes.

¿Cuáles son a su criterio las palabras claves para abordar una definición de comunicación?

Luis- Diálogo, en principio. Es una instancia dialógica, la comunicación se genera de a pares. En segundo lugar, eso de que sea de a pares significa una cuestión de igualdad entre los actores que participan de la comunicación.

Daniel- Sociedad, sentidos, disputa, relación, construcción. La comunicación es una actividad de los seres humanos en tanto seres sociales. En nuestras relaciones sociales, construimos, compartimos y disputamos los sentidos sobre el mundo en que vivimos. De eso se trata la comunicación.

¿Qué valor tiene la comunicación en estos días? ¿Qué rol le compete a la comunicación?

D- La comunicación es fundamental, en la actualidad y siempre. Hoy, en particular, vivimos en sociedades profundamente mediatizadas, donde el intercambio simbólico, la circulación de información es constante y vital. Hasta podemos decir que, como sector económico, las actividades vinculadas a la información, la comunicación y la cultura, están entre las más importantes de la economía del mundo.

Por otra parte, la comunicación es clave en la construcción del poder, y de alternativas de poder. La pregunta sobre “quién maneja las riendas”, que esbozaron los primeros estudiosos de la comunicación en América Latina hace medio siglo, hoy tienen más vigencia que nunca.

L- Yo creo que la comunicación es un espacio, que como otros espacios dentro de las sociedades de consumo actuales han sido bastardeados. Es decir, confundimos la comunicación con una palabra que va íntimamente ligada, que es participación, a consumo de determinados bienes, tanto sean culturales, como reales o simbólicos.

Entonces pensamos que el hecho de comunicarnos implica poner un “me gusta” dentro de un sitio facebook, o mandar 140 caracteres como un texto, o de comunicarnos escribiendo mensajes de textos de una determinada manera, pensando que estar conectados en todo momento es igual a estar comunicados, y no necesariamente es así. Si yo pongo “Qué hacés esta noche”, y vos: “Voy a lo de Pedro” como diálogo virtual eso es mera transmisión de información.

Tiene que ver con un logro de la sociedad moderna, que es la de individualización al extremo del individuo. Esto te lleva a vivir estados aislados, segmentados, fragmentados.

D- La comunicación atraviesa todas las prácticas sociales humanas. Organiza nuestras vidas. Todo el tiempo estamos construyendo sentidos, que generan consensos o disputas entre nosotros. Y los medios de comunicación están cumpliendo un rol clave en nuestras sociedades, acaso tan importante como el que en otros momentos ocupó la escuela. Por eso es importante regularlos. Por eso es importante que problematicemos si está bien delegar el ejercicio de la comunicación, que es un derecho humano, en grandes empresas con fines de lucro… Esto es un debate clave de nuestros tiempos. A nadie se le ocurriría delegar la administración de justicia en empresas privadas. Tampoco que la educación que reciben nuestros pibes se determine en las reuniones de directorio de una corporación. Sin embargo, hemos llegado a admitir algo parecido con el derecho a la información.

¿Cómo incide la nueva ley de medios de comunicación audiovisuales en la gestión desde su ámbito de trabajo?

D- Muy positivamente. En primer lugar, y para no meternos en la ley punto por punto, es clave porque implica un profundo cambio de paradigma. Digámoslo claro: la ley anterior, que era un decreto-ley firmado por quienes fueron responsables de un genocidio, pensaba a la comunicación como una mercancía. ¡Para ser radiodifusión había que tener fines de lucro! Así como lo digo: un requisito para tener licencias de radio y televisión, era querer lucrar con ellas. En cambio la ley de servicios de comunicación audiovisual, forjada a partir de un consenso inédito gestado entre los medios comunitarios, los trabajadores de la comunicación, las universidades, las organizaciones de derechos humanos y otros sectores del campo popular, entiende que la comunicación es un derecho humano. Eso nos pone en otro lugar, claramente.

En uno de mis ámbitos de trabajo, que es la universidad pública, la incidencia de las nuevas políticas de comunicación ha sido notable. Eso se ve constantemente en la agenda de trabajo que tenemos en la REDCOM, que nuclea a las carreras de comunicación de unas treinta universidades del país: de repente nos encontramos hablando de nuestros representantes en el Consejo Federal, de los desafíos que implica el desarrollo de Nodos y Polos Tecnológicos Audiovisuales que son coordinados desde las Universidades públicas, y mucho más.

Desde siempre discutimos el nefasto decreto-ley de radiodifusión: ahora tenemos que estar a la altura de las circunstancias. En la UNQ el trabajo de estos años ha sido incesante: pusimos en funcionamiento una Tecnicatura en Gestión de Medios Comunitarios, para fortalecer al sector; creamos una Especialización en Comunicación Digital Audiovisual; generamos un programa de trabajo vinculado a la TV Digital que articula el área de comunicación con el área de informática de la universidad; establecimos el Premio Nuevas Miradas a la Televisión, que reconoce las producciones de una tele federal y antimonopólica; trabajamos par a par con un organismo único en el mundo como es la Defensoría del Público de la Comunicación Audiovisual, que es producto de esta ley. Hace poquito se entregó el ejemplar número 10.000 de la ley, que editamos en conjunto, y vamos por nuevas ediciones.

L- Desde mi ámbito de trabajo creo que posibilita la democratización de ciertos espacios. Creo que la nueva ley lo que permite es el acceso a determinados canales de comunicación, a muchos grupos o actores sociales que hasta el momento los tenían vedados. Lo que la ley nos permite es que haya una mayor cantidad de actores sociales participando de estos canales de comunicación.

Recordemos que hace 20 años atrás lo que era la radio “trucha”, eran perseguidas por emitir una determinada voz. Lógicamente el Estado tiene que regular estas pautas, estos espacios, pero ¿quién tiene derecho y quién no a emitir un determinado pensamiento o dar a conocer su opinión ante determinados temas?

La nueva ley, en ese sentido, oxigena los espacios, da lugar a quienes antes lo tenían vedado. Después habrá que ver si uno tiene algo para decir o no dentro de esos canales, pero por lo menos te abre el juego.

¿Sólo basta con la promulgación de la Ley? ¿Cuáles son las prioridades al momento de implementar la ley en sus espacios/temáticas de trabajo?

D- Por supuesto que no. Toda ley, para cumplir su sentido, tiene que ser implementada efectivamente. Ya cuando peleábamos por la sanción de esta ley, sabíamos que otra batalla, incluso más difícil, iba a ser la implementación, donde aparecen trabas de todo tipo. En primer lugar las de las corporaciones económicas que ven amenazada, por fin, su posición dominante, que son quienes judicializaron aspectos de la ley. Por otro, también, por las propias inercias del Estado. Porque necesitamos un cambio cultural muy grande. Insisto: estamos hablando de un cambio de paradigma. Los empleados de organismos de aplicación tienen que empezar a pensar concursos con otras lógicas, por ejemplo. La propia sociedad tiene que cambiar la cabeza. Cuando hace un tiempo Jorge Lanata cuestionó los derechos que la ley reconoce a los pueblos originarios preguntando “quién carajo va a escuchar la radio de los wichis”, estaba expresando perfectamente ese viejo paradigma que todavía está en la cabeza de muchos. Necesitamos una radio de los wichis para que la escuchen los wichis. Necesitamos que los sectores populares tengan sus medios. Necesitamos otra comunicación y sabemos que es posible. Y ahora tenemos la ley de nuestro lado.

L- Ninguna ley de por sí establece ni igualdad, ni oportunidades, ni genera diálogo. Si no hay un cambio conceptual y cultural de para qué queremos estar dentro de los medios de comunicación, qué queremos transmitir, la ley podrá cambiar en todo caso quiénes participan de este juego, pero no necesariamente genera una instancia de democratización por sí sola.

¿Qué y cómo aporta, a su entender, esta nueva ley en materia de adicciones y salud mental?

L- Salud mental y adicciones son dos términos que si los planteás en otros espacios, fuera de este ámbito laboral que implica la salud, te llevan innegablemente hacia un camino de exclusión. Yo creo que es un mecanismo de defensa social hacia lo extraño, lo desconocido, a “lo peligroso”, “lo riesgoso”, aquello que no puedo manejar, controlar. Genera prejuicios, estigmas que desembocan en la exclusión del otro.

Estamos diciendo que la ley de servicios de comunicación te esta llevando hacia un camino de inclusión, de participación. Y también hay que pensarlo en un término muy amplio de derechos humanos.

¿Hasta qué punto nosotros no somos parte de “ese otro”? Porque es muy fácil pensarse siempre por fuera. Hay multiplicidad de otros en el campo de las adicciones, en el campo de la salud mental, hay multiplicidad de otros en la sociedad en general. Lo que nos tiene que permitir la ley es que esos otros empiecen a tener voz.

D- No soy un especialista en el tema, pero en principio hay que considerar que la ley es un aporte porque pone la legislación de la comunicación en sintonía con una concepción avanzada de derechos humanos que la Argentina ha consagrado en pactos internacionales. Así, entonces, es más lógico que pueda pensarse de la mano con el derecho a la salud, con la protección integral de niños, niños y adolescentes, con un objetivo de desarrollo humano. Y en eso, contribuir a que se generen tratamientos más adecuados sobre el tema de las adicciones y de la salud mental.

En ese sentido, el artículo 71 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual obliga a cumplir normas ya existentes, como la ley 23.344 que regula la publicidad de tabaco, la ley 24.788 de Lucha contra el Alcoholismo, la ley 25.296 que establece pautas para difusión de temas vinculados con la salud.

Sobre ese espíritu, creo que habría que avanzar en formular recomendaciones, primero, y establecer protocolos de actuación, luego, que promuevan un tratamiento adecuado de las cuestiones vinculadas al uso problemático de distintas drogas.

¿Cómo influyen los medios de comunicación masivos en el tratamiento sobre la temática?

D- Contestar estas preguntas siempre nos pone ante el riesgo de generalizar y ser muy injustos. Si hablamos de los grandes medios comerciales, hay que asumir que tenemos un periodismo que casi diariamente viola los derechos humanos de las personas, silenciando o tergiversando temáticas de su agenda, estigmatizando los sectores populares, dando tratamientos triviales y descontextualizados a profundas problemáticas sociales. Casi diría que es su modus operandi. Y lo padecemos tanto cuando abordan un caso de adicciones como cuando hablan de un desalojo, un corte de ruta o la edad de imputabilidad. Luego, hay gratas excepciones. Y creo que los medios comunitarios cotidianamente nos dan lecciones de cómo se debe tratar la información con otra concepción ética y política. Pero indudablemente tenemos mucho trabajo por hacer para cambiar los medios que tenemos y la forma que tratan las distintas problemáticas sociales.

L- ¿Es posible que un pibe que consuma paco o que haya consumido paco no tenga dentro de los medios de comunicación la imagen del abandono?

Hay un caso muy conocido de un muchacho que se llamaba Sebastián. Sebastián llega a uno de los centros de la Subsecretaría de la mano de un canal de televisión. Ese programa de televisión lo había encontrado tirado en la calle y había confesado que consumía paco. Dentro del mecanismo simplista, reduccionista de algunos profesionales de los medios, irrumpen en un centro e incluso intentan grabar la entrevista de Sebastián con el psiquiatra del centro. Se logró distraer a los periodistas y que Sebastián pudiera tener su entrevista. La producción de este programa le había dejado a Sebastián un celular para que se comunicara con ellos, le habían dejado 100 pesos para que tuviera para sus gastos y pretendían que Sebastián pudiera en 15 días dejar su adicción al paco. Con los mecanismos que son propios de los tratamientos, Sebastián llegó al centro un lunes a las 9 de la mañana y a las 5 de la tarde ya se había ido. Eso implicó que los profesionales de ese centro debieran reubicar a Sebastián y a través de un largo trabajo -que demandó meses- pudiera hacer el tratamiento.

Finalmente Sebastián termina ganado la maratón en Bahía Blanca y cambia totalmente de vida. Ahora, este programa específicamente, y los medios de comunicación siempre que hablan del paco muestran la imagen de Sebastián, por más que hayan pasado años ya, y muestran la imagen de abandono y de exclusión, lo que decíamos del prototipo de lo que debe ser un consumidor de paco para el imaginario de éstos comunicadores. En ningún momento muestran la imagen de Sebastián después.

Que Sebastián tenga la posibilidad de mostrarle al mundo quién es realmente, no esta hoy dentro de los medios. Es cierto, estamos hablando de un caso, pero ¿cuántos Sebastianes hay y cuántos son estigmatizados por esta imagen de un pibe consumiendo paco en una lata de cerveza? ¿Cuántos discursos contrarios circulan hoy en los medios de comunicación a ese discurso reduccionista, simplificador al extremo de lo que es un chico consumiendo? y ¿cuántas imágenes alternativas hay a eso? Bueno, creo que lo que permite la ley en este campo específico es que otros actores puedan tener voz, que los Sebastianes puedan tener voz en el campo de las adicciones, de la salud mental y mostrar que existen otras cosas.

Y por otro lado también, y es fundamental, mostrar que tenemos que aprender a convivir con esto. Hay una idea de normalidad que me hace acordar mucho al paraíso de los valores perdidos. Hablar de determinados valores que se han perdido como si esos valores alguna vez hubiesen estado instalados, constituidos, etc. Personalmente creo que ese modelo no existió más allá del ideal de alguna elite quienes tampoco lo representaban.
Eso no quiere decir que uno no deba tener determinados valores, horizontes, lo que digo es que hay que aprender que el otro no necesariamente debe ser igual a uno.

No puedo trabajar en el campo de la lucha contra las adicciones o de la salud mental a partir de un concepto de un deber ser/ estar en una sociedad de una exclusiva manera de ser. Se trata de romper ese paradigma de exclusividad o unicidad.

¿Cómo comunicar, difundir e informar estas temáticas desde una institución pública como es la Subsecretaría?

L- A nosotros, en tanto Estado, nos quedan dos caminos: o seguimos pensando que somos los dueños de la comunicación y los únicos emisores de un mensaje, y también refugiándonos en algunos medios tradicionales de comunicación, o empezamos a aceptar el dinamismo que tienen las sociedades y la forma de vincularse. Me parece que el Estado es en muchos casos como un boxeador viejo, que en terrenos como el de la comunicación se enfrenta a otro boxeador 15 años más joven. No tiene ni la fuerza, ni los reflejos, ni siquiera el movimiento de pies necesario como para poder caminar un ring con ese boxeador que es mucho más joven.

Entonces la incorporación de estas nuevas tecnologías o de estos nuevos paradigmas de la comunicación tienen que partir de no considerarse como únicos. El Estado en todo caso tendrá que tener la capacidad de comunicar, en tanto tal, tomando en cuenta esta diversidad, que es la sociedad en la que se inserta. Sin perder de vista la línea ideológica de lo que es el bien, el mal, lo moral dentro de su concepción de Estado. Pero dándose cuenta de que no es el único actor que participa. Es decir, si voy a trabajar determinado tema y hay gente en la sociedad civil que ya lo viene trabajando, entonces incorporemos esa voz, si quiero trabajar políticas públicas sobre ese tema. No pensemos, por ejemplo en nuestro campo, en llegar a toda la provincia de Buenos Aires con un único mensaje, porque las realidades sociales, económicas, culturales son distintas. Y ¿quién esta en territorio? la sociedad civil. Multipliquemos esas voces porque tal vez puedan conformar una sola voz del Estado, pero sumándolas, no como una exclusiva bajada de línea sobre lo que hay que hacer o hay que comunicar.

¿Y cómo debería moverse el Estado con este boxeador joven que esta acostumbrado a las nuevas tecnologías, que tiene otros usos y manejos de los recursos?

L- Por un lado incorporándolos a nuestro staff, porque muchas veces las políticas de Estado quedan en manos de personas que tienen otra lógica u otra forma de vincularse. Yo creo que entonces pasa por la capacidad de escucha. Si vos tenés un Estado que no escucha, vas muerto. Si no vas a ver cómo el otro patea el ring, si no ves sus movimientos y empezás a anticipar vas muerto.

Tenés que intuir por dónde viene, no podés seguir con un manual tratando de llegar a chicos que se vinculan de otra forma, no podés incorporar, en tanto Estado, 140 caracteres para transmitir un mensaje preventivo, porque sino te perdés de tu rol de Estado. Se trata de tener un equilibrio permanente. Sos el Estado y no vas a dejar de serlo porque escuches al otro. El tema es incorporar el discurso del otro y replantearte permanentemente si tus prácticas son correctas en vez de pensarlas como monopólicas o exclusivas.

Daniel Badenes

Director de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Quilmes, expone con una perspectiva que representa su militancia sobre la ley, su trabajo en La Pulseada y el trabajo cotidiano en la carrera.

Luis Straccia

Licenciado en Comunicación Social, a cargo del Área de Comunicación de la Subsecretaría de Salud Mental y Atención a las Adicciones del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, con una clara visión sobre la implementación de la ley en materia social y de salud, y una perspectiva sobre el trabajo en los ámbitos de políticas públicas.

Esta entrevista forma parte del Módulo Comunicación de Proyecto Enfoques

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